Fragment del llibre Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal de Stefano Mancuso i Alessandra Viola. Galaxia Gutenberg. 2015. Pàgines 67-69.

Cuando las raíces de una planta han percibido el nutriente,
se encaminan en esta dirección y crecen hasta donde se encuentra para
absorberlo. Por el contrario, en el caso de contaminantes o de com-
puestos químicos peligrosos, tanto para el mundo vegetal como para
el animal ( como el plomo, el cadmio o el cromo, que por desgracia
cada vez son mas abundantes en el suelo), las raíces se alejan de ellos
lo máximo posible.
Facultades como éstas se descubrieron hace casi un siglo y han sido
estudiadas en profundidad sin que por ello se hayan visto bajo la pers-
pectiva correcta ( la de los sentidos vegetales), sencillamente porque
todavía hoy, en nuestra cultura, las plantas no se consideran seres sen-
sibles ( capaces de sentir), sino organismos pasivos, insensibles y caren-
tes de todos los atributos característicos de los animales. Sin embargo,
el mundo vegetal, ajeno a la escasa consideración de que goza entre
nosotros, nos brinda una ayuda impagable en muchos campos gracias
a estas formidables capacidades.
Hemos visto que las plantas sintetizan decenas de miles de molécu-
las-muchas de las cuales se utilizan en nuestra farmacopea-, producen
oxigeno, proporcionan uno de los materiales de construcción mas di-
fundidos ( la madera) y que en el pasado produjeron incluso las reser-
vas energéticas ( los combustibles fósiles) que desde hace siglos hacen
posible nuestro desarrollo tecnológico. Aportaciones preciosas e indis-
pensables, sin contar que las plantas son el único recurso de que dispo-
nemos para descontaminar el planeta.
Tomemos , por ejemplo, una sustancia como el tricloroetileno
(TCE), un disolvente orgánico utilizado en la industria del plástico y
que en los países industrializados contamina un alto porcentaje de los
recursos hídricos, lo que impide su consumo por parte del ser humano.
El TCE es prácticamente indestructible y puede permanecer inalterado
durante decenas de miles de años: todo un monstruo toxico y peligroso
que, sin embargo, las plantas son capaces de absorber tranquilamente
para transformarlo en cloro gaseoso, dióxido de carbono y agua. En
definitiva , de disolverlo.
La extraordinaria habilidad de los vegetales para volver inocuos
algunos de los contaminantes mas peligrosos para el ser humano ( que,
por regla general, es también quien los produce ) y para descontaminar
terrenos y aguas es un factor clave en varias de las técnicas de sanea-
miento en que se basa la llamada “ fitorremediación”. Todo apunta a
que este conjunto de biotecnologías puede tener un potencial económi-
co y tecnológico inmenso como solución para el saneamiento de suelos, pero su explotación todavía esta en mantillas.
Al ritmo al que permitimos que se extingan las especies vegetales, es
probable que también en este campo estemos renunciando a quien
sabe cuantas soluciones aun inexploradas y a la futura posibilidad de
descontaminar el planeta de maneta eficaz, con un coste asumible y sin
ningún impacto.